Opinión// LUCHANDO CONTRA UN FANTASMA.

Dicen muchos que estamos en guerra, solo que no nos damos cuenta. No nos damos cuenta porque, por lo que cuentan, luchamos contra un enemigo invisible. Un enemigo que corre y que grita, que aplasta y que asusta, que atemoriza y que rompe ilusiones. Niñatos, grupos organizados, los de Podemos, la Policía Local, los de los taxis… Muchos intentan ponerle cara, encontrarle explicación, crear al enemigo que nos haga sacar la espada. Pero nadie lo consigue, todavía nadie lo ha logrado… Me temo que luchamos contra un fantasma, un peligroso fantasma.

Es un fantasma que, como buen fantasma, sale por las noches, asusta y crea el pánico entre todos los presentes, es imposible de ver y está ahí, ni palante y patrás, entre el más allá y el más acá. Este año 2017, al igual que a muchos de vosotros, a mí me tocó padecer las ocurrencias tan desagradables con las que este fantasma quiso incordiarnos nuestra maravillosa Madrugá. Lo pasé muy mal, todavía lo pienso y se me pone la carne de gallina.

Yo sé lo que vosotros estaréis pensando: “Montero, hijo de mi vida, de fantasma nada. Todo lo que se ha liado aquí ha sido porque alguien lo ha hecho”. Por supuesto, nunca lo he negado. Pero eso no quita que este fantasma exista y que lo padezcamos. Y digo más, este fantasma existe porque algún ser humano se encarga de que exista. Pero nosotros no conocemos al humano, conocemos al fantasma.

No podemos enfrentarnos al humano hasta que no lo conozcamos, hasta que los encargados de dar con su cara no nos hablen de él. Y si finalmente lo hacen, no creo que esto nos asegure que no volvamos a sufrir el efecto de más fantasmas. Por tanto, podremos luchar contra mil creadores de fantasmas, pero no contra los mismos fantasmas. Y a estos creadores de fantasmas, amigos míos, no les va a importar perder la batalla de la ley; la batalla que ellos pretenden ganar es la moral, la del 2000 y la del 2017. Podremos cogerles y meterlos entre rejas (digo yo), pero antes ya nos habrán fastidiado la Madrugá. Eso buscan ellos, eso han conseguido ellos dos veces ya. ¿Cómo? Pues creando fantasmas.

Y os digo una cosa, amigos: a los fantasmas no se les gana con policías, ni con vallas, ni con planes de seguridad, ni con cámaras de vigilancia… No, amigos, no se les gana así. Todo eso es necesario porque les complica la misión pero, aunque es algo que hace falta, no es el método que hará que liberemos de verdad de los espíritus de la noche más hermosa de Sevilla. No hay policías, ni vallas, ni plan de seguridad, ni cámaras que eviten que cualquier tonto forme una avalancha si tiene ganas de hacerlo. Tenemos que tenerlo muy claro: aunque hay métodos que ayudan a que no aparezcan los fantasmas, ni existe ni existirá el que los ahuyente definitivamente.

Solo hay una forma de poder vencer a estos fantasmas, solo una: enfrentándonos cara a cara con ellos. Amigos, en la base está la respuesta, en la educación y la preparación está la victoria. Igual que nos enseñan a luchar contra terremotos o incendios, es necesario que nos enseñen a reaccionar ante posibles avalanchas que surjan por cualquier motivo (desde una pelea hasta un ataque terrorista). Tenemos que aprender a ser nosotros los que nos enfundemos el “no pasa nada” que tanto hemos oído la pasada Madrugá, tenemos que ser nosotros los que pidamos calma, tenemos que ser nosotros los que sepamos cuando hay que correr y cuando no, tenemos que ser nosotros los que no dejemos que el pánico que nos crean estos fantasmas se expanda por nuestra ciudad. La base está en nosotros, amigos, la base somos nosotros.

Mantengamos la calma, echémonos a un lado cuando sea necesario, peguémonos a la pared cuando haga falta… No dejemos que el pánico nos invada, no dejemos que nos arrastre el miedo. Y por supuesto, exijamos la verdad, insistamos en que se encuentren a los creadores de estos fantasmas, presionemos todo lo que podamos para que esto no se esfume en tres días… Exijamos soluciones y pongámoslas nosotros.

Y no olvidemos algo muy importante: este ataque, amigos míos, no es un ataque a la Semana Santa ni al cristianismo. Es peor, mucho peor: en el fondo, este es un ataque al pueblo, a los valores del pueblo,  a la educación del pueblo, a los sentimientos del pueblo. No hay que sacar a Dios para dignificar esta lucha, hay que sacar a la democracia, al respeto y a la consideración. No hay que irse a la Plaza Nueva a rezar, hay que irse a la Plaza Nueva a exigir que se nos oriente ante este tipo de situaciones y a insistir día a día para que no se nos tape con una manta de excusas todo lo que ha pasado.

 

Sevilla, nadie va a venir a ahuyentarte los fantasmas. Volverán, los fantasmas volverán. Quizás el año que viene, quizás dentro de veinte, quizás mañana mismo… no sabemos cuándo, pero mientras haya valores positivos habrá otros negativos que intentarán destruirlos. No creo que vayamos a perder la guerra, pero ya hemos perdido dos batallas. Aprendamos de los errores, concienciémonos de que estas avalanchas, de que este gamberrismo, de que el terrorismo y de que mil problemas similares son fantasmas contra los que tienen que luchar la Semana Santa y la sociedad del siglo XXI.

 

El fantasma de nuestra propia sociedad nos ha montado una guerra casi sin darnos cuenta. Nos guste más o nos guste menos, no nos queda otra que luchar para defendernos. La identidad de nuestra fiesta y nuestros propios valores como pueblo están en juego. Hacen falta personas valientes y dispuestas a asumir los riesgos que supone plantarle cara a este fantasma. Sin miedo, de frente y con cabeza.

 

Cuenten conmigo. ¿Quién se apunta?

 

 

 

José Antonio Montero Fernández.

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